domingo, 28 de abril de 2013

OBJETIVOS Y TEMAS DE LA II PRUEBA PARCIAL I TRIMESTRE. 2013


MEP. LICEO DR. VICENTE LACHNER SANDOVAL. DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL.
PROFESOR ALEXANDER SOLANO HERNÁNDEZ.
OBJETIVOS Y CONTENIDOS PARA LA II PRUEBA PARCIAL.
I TRIMESTRE. CURSO LECTIVO 2013.Martes 14 de mayo. 10 a.m.

 

I. Definir los conceptos de la Redacción, sus cuatro pasos, reconocer tipos de párrafo y producir textos narrativos de acuerdo con las normas gramaticales.

Contenidos:

Redactar y los cuatro pasos de la redacción. Definir el párrafo, los tres tipos de párrafo.

Páginas: 17 a 21.

II. Aplicar las normas gramaticales de acentuación y ortografía para desarrollar destrezas en la producción escrita.

Contenidos:

La Caligrafía. Uso de las mayúsculas.  Los signos de puntuación. El empleo de las letras b, v, c, s, z, h. La Sílaba y la División Silábica. El Hiato, diptongo y triptongo. El Acento, sílaba tónica y átona. Palabras agudas, graves, esdrújulas y sobreesdrújulas. La ley del hiato. Los adverbios terminados en mente. La tilde diacrítica. Sinónimos y Antónimos.

Páginas: 22 a 37.

III. Analizar textos literarios narrativos para identificar los elementos del género narrativo y reconocer argumentos y proposiciones en el discurso literario escrito.

Contenidos:

La Literatura. El Género Narrativo. Elementos del género narrativo (personajes, tipos de narrador, mundo mostrado, tipos de tiempo y secuencia, estilos, registros del habla). Cuentos: “Es que somos muy pobres” de Juan Rulfo y “Mujeres de ojos grandes” de Ángeles Mastretta.

Páginas: 67 a 69 y 88 a 92. Lectura y guías de trabajo en clase de los cuentos.

domingo, 10 de marzo de 2013

ENSAYO "QUÉ HORA ES" DE YOLANDA OREAMUNO


"¿Qué hora es?"
Yolanda Oreamuno
Ensayo "¿Qué hora es?" (extracto)


Medios que usted sugiere al Colegio para librar
a la mujer costarricense de la frivolidad ambiente

Sé que el Colegio, al cual deseo rendir de este modo ?bien humilde por cierto- homenaje de gratitud y de cariño, ha medido, desde luego que la fórmula, la magnitud y trascendencia de esta encuesta pública. Dado que es difícil suponer las infinitas ramificaciones y aspectos de este problema, y lo peligroso, para cualquier mentalidad cobarde, de enfocar con recta y certera visión la raíz de un mal que ya adquiere caracteres de epidemia, el Colegio da una muestra decisiva de conciencia docente al abrir en esta forma la puerta a la voz pública, y especialmente a la voz femenina, para que se sientan todos cada día más ligados a la labor que ahí se realiza.

Lo que ahora hace el Colegio equivale a desvestirse de aquella significación puramente ?educativa anquilosada?, que pretendía ver la cuestión pedagógica como una cosa desconectada de la vida que fuera de sus puertas se deslizaban, y que no había asimilado del producto del ambiente y por lo tanto está indefectiblemente ligado a él. De este modo se termina en forma brillante la vieja manía de tomar al alumno como a un conejillo de Indias para realizar en él experimentos y así muere el error de que dichos experimentos pedagógicos comienzan y terminan en el laboratorio. Cuando el alumno ingresa a las aulas es ya un producto, una resultante de impresiones, influencias y emociones fuertemente grabadas en su subconsciente, con las cuales no se puede dejar de contar. Y cuando este alumno sale, va directamente a moverse en un mundo extraño, que acabará de majar en su personalidad hechos y casas que lo condicionarán decisivamente y para los cuales no puede ignorar el Colegio que trabaja.

Creo haber entendido satisfactoriamente el alcance y significación de este gesto, con lo cual me siento capaz de entrar en materia, no sin agradecer antes a "mi Colegio" lo que hace ahora por la juventud de Costa Rica, como en otro tiempo lo hizo por mi personalmente.

La situación social de la mujer en Costa Rica viene a ser la raíz madre de lo que el Colegio llama con tanto acierto frivolidad ambiente. Si aquello es la causa, esto es el efecto. Quiero dejar sentada esta premisa para deducciones finales. Urge por tanto, para entender el problema, remontarse al ambiente infantil familiar y seguir desde este punto de partida paso a paso el movimiento personal de la alumna, con el objeto de que por una simple observación ordenada de los hechos lleguemos a razonables conclusiones.

Desde que comienza la educación de nuestra mujer en el hogar se plantea ya su contradictoria situación: ¿Se educa a nuestras muchachas para que sean buenas señoras de casa, correctas esposas y fuertes madres, o se las educa para que tomen una activa parte en el conjunto social, dentro y fuera del hogar? Si es exclusivamente lo primero, entonces la labor del Colegio en sí esta reñida esencialmente con la educación familiar, desde donde se malea la personalidad de la mujer haciéndola creer que su único destino está en el matrimonio. El Colegio procura capacitar, que no otro propósito es el de los múltiples conocimientos que ahí se imparten. Ahora bien toda capacitación, con ser únicamente un medio, implica, por estricta lógica, un fin subsecuente, un objetivo que dignifique el trabajo realizado, que haga pensar en ilación y continuidad, y que no deje al cabo de cinco años de esfuerzos colectivos la obra trunca, porque la cultura conseguida en el Colegio no puede ser un fin en sí. Caso de que a nuestra mujer se la eduque con el segundo objetivo planteado, entonces se hace necesaria una pregunta orientadora, de ruta futura.

¿Qué va a hacer la alumna después de esos cinco años? ¿Tiene algún objetivo definido? ¿Para qué fin estudia? ¿Entiende la muchacha que se pone blusa rayada que la atención, el dinero gastado, el tiempo invertido y el esfuerzo realizado son valores que necesariamente exigen una finalidad, que se les ponga al servicio de una causa definida? ¿Comprende que la estudia lo hace por algo, y sabe qué es ese algo? ¡No!

La generalidad de nuestras muchachas, la casi totalidad de los padres que las colocan en el Colegio, no se han formulado esa pregunta. Y ellas van porque ?papá quiere?, porque es muy bonito o por necesidad de poder decirse bachiller a los 17 ó 18 años. El padre la matricula: porque a los hijos hay que ?educarlos? (uno de los nuevos deberes paternales que la civilización ha agregado a los tantos y tan difíciles de criar hijos) y es urgente ocupar su imaginación y su tiempo durante los cinco años que hay entre su desarrollo y la ?colocación? definitiva en las manos de un hombre que por A o por B motivos quiera hacerse cargo de ella: el marido. Eso es todo. Pero, digo yo, ¿será justo conformarse con un "eso es todo"? está eso o no reñido con la labor que el Colegio pretende realizar?

La posición viene desde la casa, desde la calle, desde la más elemental educación. Aún más. Este mismo problema tiene diferentes aspectos individuales, ya afecte a cuál de los tipos de muchachas que ingresen al Colegio.

Hay la que va desde el más humilde de los hogares, haciendo inauditos equilibrios económicos para sostener con decoro su posición de estudiante. La otra, que llega de una casa más o menos acomodada, pero sin perspectivas alentadoras que le permitan seguir siendo una carga para la familia.

Y la tercera, la de la casa rica.

La primera, que se supondría la más urgida para señalar su camino, no lo hace, porque sabe que a la hora de dejar el Colegio, si es que llega al final, la palpitante realidad la hará buscar una solución económica inmediata, y ahoga así en el taller o en el mostrador la Aritmética, el Algebra y hasta la Geografía, conocimientos que han resultado de este modo casi inútiles, sin vitalidad. Para esta el Colegio es solo un transitorio puerto entre dos tempestades, la ocasión ilusoria de amistades que muy difícilmente concretan, el contacto alegre con clases sociales vedadas. Esta no desea tomar el estudio en serio: ¿para qué? En cambio, está demasiado dispuesta a tomar en serio las primeras visiones de otra vida que nunca conocerá bien y que durara escasamente cinco años ...Ahora, como esa vida es halagüeña se convertirá en su realidad de Colegio. Nunca el estudio en sí. La segunda, la que oscila entre un grupo y otro, tiene también una bivalente óptica del Colegio. No sabe si las aulas se hicieron para el contacto con la gente alegre de uniforme, solamente, o si va también a estudiar. Para esta el marido es ambiguo. Juega a que "tal vez" ...

La tercera, la rica, tiene tiempo hasta para pensar. A veces el dinero hasta tiempo proporciona. Nada es urgente para ella. Si estudia y ?saca unos? y el papá es liberal, va a Estados Unidos, no sin estrenarse antes en el Nacional, pomposamente vestida de blanco. Y de regreso, ?posiblemente? escoja con quién casarse. No tiene realmente importancia para ella si lo toma en serio o no.

Carente de orientación verdadera, la mujer sólo tiene un incentivo para el estudio: la competencia por la buena nota a como haya lugar y la consecuente memorización, el aprendizaje muerto en sí. Así es como la intrascendencia, la frivolidad germinan en terreno abonado. Son cinco años decisivos perdidos por falta de continuidad, por ver la vida como una ?cosa? en etapas: escuela, colegio, marido, y no como una obra de construcción interna y externa, con movimiento y finalidad. De ahí que para casi todas el Colegio sea: el recreo, los desfiles, la ?salida a las once? y la nota.

La misma situación pre-colegial a que antes aludí está preñada de contradicciones que luego repercuten en la personalidad, en la orientación de la mujer. Una de las más serias que crea la intolerancia doméstica es el gravamen intelectual que significa ser ?hija de familia?. El origen de este término debe ser tan ambiguo como su significado. Ser ?hija de familia? equivale a estar sujeta a la tutela intelectual y moral de nuestros mayores, a perpetuidad; viene a ser como un descargo de responsabilidades en un persona que se considera más capaz para asumirlas. La ?hija de familia? es el producto de un núcleo pequeño y errado ?cerrado, esto es lo grave- al exterior y del que generalmente el padre es la puerta y la llave a la vez. Las influencias exteriores son cotizadas, pesadas y medidas por dicho mentor, las opiniones controladas directamente y, lo que ya es del todo malo, las actividades volitivas borradas en su casi totalidad. Porque poco importa velar celosamente por la hija, si luego discuten con ella las decisiones tomadas, tratando de educar su personalidad, su capacidad para decidir por el buen camino con criterio propio. Lo grave es lo otro, la obediencia irrestricta, sin discusión amigable ninguna y el respeto también irrestricto a lo decretado con anterioridad. Esta clase de dependencias es consecuencia inmediata, por la incomprensión de los deberes y derechos paternales, de la dependencia económica forzosa de la mujer durante el período que por desgracia muchas veces ocupa toda una vida. Ahora bien: quede bien claro, que no voy contra el respeto y la obediencia bien entendidos, sino contra las consecuencias de la interpretación ambiente sobre lo que es ?docilidad?. Y estos efectos de obediencia y respeto, según el significado corriente, de la hija para el padre ?que como ya dije anteriormente, tienen un causa económica- no son lo suficiente elásticos para adaptarse a las nuevas modalidades a que está sujeta la familia media en Costa Rica, en la cual es más frecuente el caso. Esta familia, de pocas posibilidades monetarias, tiene generalmente que lanzar sus hijos a la vida, al trabajo y a un ambiente en contra del cual los ha acondicionado. Y al exigir a los hijos tal actitud, se encuentran éstos cohibidos, sus responsabilidades limitadas a cero, puesto que han de recaer lógicamente en el que planteó la posición. La muchacha así, se ha acostumbrado a que dicha persona piense por ella, a que la vida no sea más que una realidad para el padre, único quien tiene que asumir actitudes agresivas y defensivas en la lucha de todos los días. Lógico es esperar que la bruma de la frivolidad la enrede y le impida ostentar verdadera dignidad. Porque no hay dignidad sin conciencia y la suprema conciencia está en asumir con pleno conocimiento de causa las responsabilidades que da la vida al enrolar a un ser en su corriente, sea hombre o sea mujer.

De este ambiente de Colegio lesionado, de esa tutela familiar negativa, sale la muchacha a realizar el tercer lapso de su vida: la búsqueda, y ojalá consecución, del marido.

Este tercer estado, que algún ironista llamó ?cinegético?, es la desconexión definitiva de toda inquietud intelectual y también es un tránsito delicado a gastarlo, simplemente, en la forma más alegre y conveniente. Se me dirá: esa es la mujer sin necesidad apremiante de trabajar, la que puede vivir sin pensar en la realidad diaria. Argumento obtuso este. Porque, y esto es para mí básico en la constitución mental de las mujeres, la muchacha de Costa Rica no tiene urgentes necesidades económicas que la obliguen a tomar una consciente actitud de la vida y que desarrollen, simultáneamente con el sentido de responsabilidad, la ambición y las nobles inquietudes. Hay, claro, un sector de mujeres que se ganan la vida y sin otra posibilidad de subsistir que su propio esfuerzo, pero no es, por cierto, entre estas mujeres, la frivolidad frecuente; en ellas sólo abunda la tragedia. La muchacha media la más numerosa en los lugares de más acentuada intrascendencia entre el sexo femenino ?como las ciudades-, que se ha asimilado hasta el máximo la inconsciencia ambiente, es la que trabaja sin depender exclusivamente de ella misma y así continúa siendo una sucursal bien escogida de la casa, escogida para que no haya contactos ?peligrosos?, donde no se ?mate? y hasta la cual llegue la benevolente protección familiar. La muchacha se sienta ante otro pupitre, esta vez con sueldo, a esperar el fin de mes como antes esperaba la nota. En tal condición económica, se amortiguan los golpes de la realidad, pues la empleada resulta una simple ayuda en la casa, es decir, una ridícula suma que abona a los anteriores desvelos familiares, si es que, por el contrario, no da un cinco. Como resultante, la ambición se embota y se encausa hacia la vida de un club como único objetivo, lo cual supone el lujo en el vestir como una sola obsesión. Esta tercer a etapa se prolonga, como un juego también, hasta el recodo donde se plantea la bifurcación: o se camina hasta el matrimonio, sobre las bases y con la herencia apuntada, o hasta la soltería infértil y negativa de nuestras mujeres.
 
Yolanda Oreamuno
(San José, 1916 - 1956) Novelista y ensayista costarricense, destacada vanguardista en vida y obra. En varios de sus escritos planteó una reivindicación de la mujer respecto del abandono de estereotipos y clamó por una definición propia y por la autoafirmación.
Constituye una de las personalidades más importantes de la literatura costarricense. Con Fabián Dobles y Joaquín Gutiérrez forma la tríada que renovó las letras de su país, pero ella no siguió la vía de sus compañeros, el realismo social, sino que optó por el psicoanálisis y el monólogo interior.
Vivió en Guatemala, México, Chile y Estados Unidos. Desde su juventud se rebeló contra las convenciones sociales y fue asidua lectora de M. Proust, T. Mann y J. Joyce; de ahí su narrativa introspectiva, que profundiza en el análisis del interior de los personajes. Por medio de sus ensayos ridiculizó los estereotipos que impiden que los costarricenses vean los problemas en su verdadera dimensión.
Su primera novela, Tierra firme (1946), es autobiográfica. Ruta de su evasión (1949) constituye un recorrido, mediante el monólogo interior y el fluir de la conciencia, por el espacio psicológico más profundo de los personajes. La agonía de Teresa, una de las protagonistas, además de representar su liberación total, significa una conquista importante, porque logra en el último instante de su vida realizarse como persona.
 
 

RECURSOS PARA EL CUENTO "EL VAMPIRO DE SUSSEX"

http://www.sherlock-holmes.es/

http://holmes.materialdescargable.com/novelas/es_archivo/El%20vampiro%20de%20Sussex.pdf

domingo, 24 de febrero de 2013

GUÍA DE TRABAJO EN CLASE PARA TRABAJAR EL TEMA DE LÓGICA.


DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL. PROFESOR ALEXANDER SOLANO H.   GUÍA PARA TRABAJAR EN CLASE EL TEMA “LA LÓGICA”

 

I.  CUESTIONARIO. Página 11 – 16.

1.       ¿Qué es “lógica”?

2.       ¿Para qué sirve el pensamiento lógico?

3.       ¿Qué es “argumento”?

4.       ¿Cuáles son las 3 características del argumento?

5.       ¿Qué es “inferencia”?

6.       ¿Cuál es la diferencia entre “lenguajes naturales” y “lenguajes artificiales”?

7.       ¿Qué es “ambigüedad” y “vaguedad”?

8.       Defina “intensión” y “extensión” de las palabras.

9.       Defina “uso” y “mención” del lenguaje.

10.   ¿Qué son proposiciones?

11.   ¿Qué son proposiciones tautológicas?

12.   ¿Qué son proposiciones contradictorias?

13.   ¿Qué son proposiciones contingentes?

II. EJERCICIOS: Realice los ejercicios de las páginas 11 a la 16.

 

III. LECTURA: Ensayo “Qué hora es”.

1.       Lea el ensayo de Yolanda Oreamuno.  Pág. 192-194

2.       Mencione tres características del género narrativo ensayo. Pág. 75

3.       Encuentre en el texto tres proposiciones e indique, si son tautológicas, contradictorias o contingentes.


 

 

IV. LECTURA: Cuento “El vampiro de Sussex”.

1.       Defina “cuento” y mencione tres de sus características. Pág. 67.

2.       Lea el cuento “El vampiro de Sussex”. Pág. 76 a 82.

3.       ¿Cuál es el autor de este cuento?

4.       Describa los siguientes personajes:

a.       Holmes.

b.      Watson.

c.       Bob Ferguson.

d.      Dolores.

e.      Señora Mason.

f.        Jack.

5.       ¿Cuál es el espacio geográfico del cuento?

6.       Anote tres características de un “vampiro”. Pág. 76, segunda columna.

7.       En la página 76, encuentre una proposición contradictoria.

8.       Busque el significado extensivo de las siguientes palabras:

a.       Medieval.

b.      Reminiscente.

c.       Fichero.

d.      Aya

e.      Subjetivo.

f.        Objetivo.

9.       ¿Cuál es el caso que debe resolver el señor Holmes?

10.   Extraiga dos premisas del “vampirismo”, en la carta de Mr. Robert Ferguson. Pág.77.

11.   En la página 82, haga una lista de las premisas que usó Holmes para resolver el caso.

12.   ¿A cuál conclusión llegó Holmes para dar un argumento válido de solución?

13.   Ordene las imágenes, de acuerdo al cuento:
 

CUENTO: SHERLOCK HOLMES - EL VAMPIRO DE SUSSEX (Sir Arthur Conan Doyle)

SHERLOCK HOLMES - EL VAMPIRO DE SUSSEX (Sir Arthur Conan Doyle)
Posted: viernes, abril 22, 2011
Enero de 1924

* * *


Holmes acabó de leer cuidadosamente una nota que le había llegado en el último reparto de correo. Luego, con una risita contenida, que era en él lo más cercano a la risa, me la tendió.


―Como ejemplo de mezcla de lo moderno y lo medieval, de lo práctico y lo demencialmente fantástico, creo que éste debe ser indudablemente el límite ―dijo―. ¿Qué le parece, Watson?

Leí lo que sigue:

46 OLD JEWRY
19 de noviembre.
Asunto: Vampiros.
Señor,

Nuestro cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, mayorista de té, de Mincing Lane, nos ha dirigido una consulta con fecha de la presente en relación a los vampiros. Dado que nuestra firma está enteramente especializada en impuestos de maquinaria, el asunto difícilmente queda dentro de nuestra esfera de actividades, y, en consecuencia, hemos recomendado al señor Ferguson que le visite a usted y le exponga el caso. No hemos olvidado el éxito de su actuación en el caso Matilda Briggs.

Quedamos, querido señor, sinceramente suyos.

MORRISON, MORRISON Y DODD.
per E.J.C.»


―Matilda Briggs no era el nombre de ninguna joven, Watson ―dijo Holmes, en tono reminiscente―. Era un buque relacionado con la rata gigante de Sumatra. Es una historia que el mundo no está todavía preparado para oír. Pero, ¿qué sabemos de vampiros? ¿Entra eso en nuestra esfera de actividades? Cualquier cosa es mejor que la inactividad, pero lo cierto es que parece como si nos hubieran trasladado a un cuento fantástico de los hermanos Grimm. Extienda el brazo, Watson, y veamos qué nos cuenta la V.


Me eché hacia atrás y tomé el enorme fichero al que Holmes había aludido. Lo sostuvo sobre las rodillas, y su mirada fue pasando, lenta y amorosamente, por el registro donde los viejos casos se mezclaban con la información acumulada a lo largo de su vida.

―Viaje del Gloria Scott ―leyó―. Fue un feo asunto. Me parece recordar que usted lo puso por escrito, Watson, aunque no puedo felicitarle por el resultado. Victor Lynch, el falsificador. Veneno... lagarto venenoso, o gila. Un caso notable, ése. Vittoria, la bella del circo. Vanderbilt y el ladrón ambulante. Víboras. Victor, el asombro de Hammersmith. ¡Vaya, vaya! ¡Querido viejo índice! Nada se le escapa. Escuche esto, Watson: Vampirismo en Hungría. Y también: Vampiros en Transilvania.

Recorrió impacientemente las páginas con la mirada, pero al cabo de una breve lectura ensimismada dejó a un lado el enorme registro con un gruñido de decepción.

―¡Basura, Watson! ¡Basura! ¿Qué tenemos nosotros que ver con cadáveres andarines que sólo se quedan en sus tumbas si se les clava una estaca en el corazón? Es pura chifladura.
―Pero, indudablemente ―dije yo―, el vampiro no es necesariamente un muerto. Una persona viva podría tener la costumbre. He leído algo, por ejemplo, de viejos que chupaban la sangre de jóvenes para apoderarse de su juventud.
―Tiene usted razón, Watson. en una de esas referencias se menciona esta leyenda. Pero, ¿vamos a prestar seriamente atención a esta clase de cosas? esta agencia pisa fuertemente el suelo, y así debe seguir. el mundo es suficientemente ancho para nosotros. no necesitamos fantasmas. Me temo que no podemos tomarnos al señor Robert Ferguson demasiado en serio. Quizá esta nota sea suya, y pueda arrojar alguna luz sobre lo que le preocupa.

Tomó una segunda carta que había permanecido olvidada sobre la mesa mientras había estado absorto en la primera. Empezó a leerla con una sonrisa divertida en el rostro, pero esa expresión se fue mutando en otra de intenso interés y concentración. Cuando terminó, permaneció algún rato perdido en meditaciones, jugueteando con la carta entre los dedos. Finalmente, se despertó sobresaltado de su ensueño.

―Mansión Cheeseman, Lamberley. ¿Dónde está Lamberley?
―está en Sussex, al sur de Horsham.
―no muy lejos, ¿eh? ¿Y la Mansión Cheeseman?
―Conozco esa zona, Holmes. está llena de viejas casas que llevan los nombres de los hombres que las construyeron hace siglos. Tiene usted las mansiones Odley, y Harvey, y Carriton... a la gente se la ha olvidado, Pero sus hombres viven en sus casas.
―Precisamente ―dijo Holmes, fríamente. Era una de las peculiaridades de su modo de ser, orgulloso y reservado, el que, si bien almacenaba muy rápida y cuidadosamente en el cerebro toda nueva información, raras veces daba muestras de agradecimiento a aquel que se la hubiera proporcionado-. Estoy por afirmar que sabremos muchas más cosas de la mansión Cheeseman, en Lamberley, antes de haber terminado con esto. La carta es, tal como esperaba, de Robert Ferguson. A propósito, dice que le conoce a usted.
―¿Que Me conoce?
―Mejor lea la carta.

Me tendió la carta. Llevaba el encabezamiento citado. Decía así:

Estimado señor Holmes,
Me ha sido usted recomendado por mis abogados, pero, a decir verdad, el asunto es tan extraordinariamente delicado que resulta sumamente difícil hablar de él. Concierne a un amigo mío en cuyo nombre actúo. Este caballero se casó hará como cinco años con una dama peruana, hija de un negociante peruano al que había conocido en relación con la importancia de nitratos. La dama era muy hermosa, pero su cuna extranjera y su distinta religión determinaron siempre una separación de intereses y de sentimientos entre marido y mujer, de modo que, al cabo de un tiempo, el amor de mi amigo hacia ella pudo enfriarse, y pudo considerar aquel matrimonio como un error. Sentía que había aspectos del modo de ser de su mujer que nunca podría explorar ni entender. Esto era tanto más penoso cuanto que ella era la esposa más amante que hombre pueda desear, y, según toda apariencia, absolutamente leal.

Ahora vayamos al punto que le expondré más claramente cuando hablemos. Lo cierto es que esta nota pretende solamente darle una idea general de la situación y averiguar si está usted dispuesto a intervenir en el asunto. La dama empezó a mostrar ciertos rasgos extraños, totalmente ajenos a su carácter habitual, que es dulce y apacible. El hombre había estado ya casado, y tenía un hijo de su primera mujer. El muchacho tenía quince años, y era un chico muy simpático y afectuoso, aunque desdichadamente lisiado a consecuencia de un accidente en su infancia. En dos ocasiones se sorprendió a la mujer en el momento de atacar al pobre muchacho, sin la menor provocación por parte de éste. Una de las veces le golpeó con un bastón, causándole un gran moretón en el brazo.
Eso no fue nada, sin embargo, si se compara con su conducta con su propio hijo, un niñito que aún no ha cumplido el año. En cierta ocasión, hace cosa de un mes, este niño había sido dejado solo por su aya durante unos pocos minutos. Un fuerte grito del niño, como de dolor, hizo volver al aya. Cuando ésta entró corriendo en la habitación, vio a su ama, la señora de la casa, inclinada sobre el niño y, aparentemente mordiéndole en el cuello. El niño tenía en el cuello una pequeña herida por la que salía un hilillo de sangre. El aya quedó tan horrorizada que quiso llamar al marido, pero la dama le imploró que no lo hiciera, e incluso le dio cinco libras como precio de su silencio. No dio ninguna explicación, y de momento, no se habló más del asunto.
Aquello dejó, sin embargo, una impresión terrible en el aya, y, desde entonces, vigiló estrechamente a su ama, y montó una guardia más cuidadosa sobre el niño, al que quería tiernamente. Le pareció que, del mismo modo que ella vigilaba a la madre, la madre la vigilaba a ella, y que, cada vez que se veía obligada a dejar solo al niño, la madre esperaba llegar hasta él. El aya guardó al niño día y noche, y día y noche la silenciosa madre vigilante parecía estar al acecho como el lobo acecha al cordero. Esto le parecerá increíble, y, sin embargo, le ruego que se lo tome con toda seriedad, porque la vida de un niño y la cordura de un hombre pueden depender de ello.
Finalmente llegó el día tremendo en que los hechos no pudieron seguir siendo ocultados al marido. Los nervios del aya no resistieron; no podía seguir soportando la tensión, y se lo contó todo al hombre. A él le pareció aquello una historia tan descabellada como ahora puede parecérselo a usted. Sabía que la suya era una esposa amante, y, salvo por los ataques contra su hijastro, una madre amante. ¿Cómo, entonces, era posible que hubiera herido a su querido niñito? Le dijo al aya que estaba disparatando, que sus sospechas eran las de una demente, y que no podían tolerarse semejantes infundios contra la señora. Mientras hablaban, se oyó un grito de dolor. Aya y amo se abalanzaron juntos hacia el cuarto del niño. Imagínese sus sentimientos, señor Holmes, cuando vio a su mujer levantarse de la posición de arrodillada, junto a la cuna, y vio sangre en el cuello al descubierto del niño y sobre la sábana. Profiriendo un grito de horror, volvió hacia la luz el rostro de su mujer y le vio sangre alrededor de los labios. Era ella, ella, más allá de toda duda, la que había bebido sangre del pobre niño.
Así está la cosa. La mujer está ahora confinada en su habitación. No ha habido explicaciones. El marido está medio enloquecido. El sabe, como yo, muy poco de vampirismo, aparte del nombre. Habíamos pensado que era algún cuento fantástico de tierras lejanas. Y, sin embargo, aquí, en Inglaterra, en el corazón mismo de Sussex... Bueno, todo esto podríamos discutirlo mañana por la mañana. ¿Acepta usted recibirme? ¿Querrá emplear sus notables talentos en ayudar a un hombre aturdido? Si es así, tenga la amabilidad de cablegrafiar a Ferguson, Mansión Cheeseman, Lamberley, y estaré en sus habitaciones a las diez.
Sinceramente suyo,

ROBERT FERGUSON.
P.S.―Creo que su amigo Watson jugaba al rugby en el equipo de Blackheath cuando yo era tres cuartos en el de Richmond. Es la única referencia de orden personal que puedo darle.»


―Claro que lo recuerdo ―dije, dejando la carta―. El grandullón Bob Ferguson, el mejor tres cuartos que nunca tuvo Richmond. Fue siempre un tipo excelente. Es muy suyo el preocuparse por el problema de un amigo.

Holmes me miró pensativamente y meneó la cabeza.

―Watson, jamás lograré alcanzar sus fronteras ―dijo―. Hay en usted posibilidades inexploradas. Haga el favor de enviar un cable, como un buen chico: «Estudiaré su caso gustosamente.»
―¡Su caso!
―no debemos permitir que piense que esta agencia es un asilo de retrasados mentales. Claro que es su caso. Envíele el cable y olvídese del asunto hasta mañana.

La mañana siguiente, puntualmente a las diez, Ferguson entraba en nuestra salita. Yo le recordaba como un hombre alto y flaco, de miembros sueltos, con una veloz carrera que le había permitido burlar a muchos defensas contrarios. Creo que no hay cosa más penosa que encontrarse con los restos naufragados de un atleta que se ha conocido en su plenitud. Su fuerte estructura estaba abatida, su pelo rubio era ralo, y estaba cargado de hombros. Temí suscitar en él impresiones correlativas.

―Hola, Watson ―dijo; y su voz seguía siendo grave y cordial―. No tiene usted exactamente el mismo aspecto del hombre al que yo tiré por encima de las cuerdas en Old Deer Park. Supongo que yo también debo estar un tanto cambiado. Pero han sido estos último uno o dos días los que me han envejecido. He visto por su telegrama, señor Holmes, que es inútil que me presente como emisario de otra persona.
―Es más fácil el trato directo
―Desde luego. Pero puede usted suponer lo difícil que resulta hablar así de la mujer que uno está obligado a proteger y ayudar. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo voy a acudir a la policía con semejante historia? Pero hay que proteger a los niños. ¿Es que está loca, señor Holmes? ¿Llevará esto en la sangre? ¿Ha conocido usted algún caso parecido en su carrera? Por el amor de Dios, déme algún consejo, porque ya no doy más de mí.
―es muy natural, señor Ferguson. Ahora siéntese y cálmese, y déme algunas respuestas claras. puedo asegurarle que yo sí puedo dar muchísimo más de mí, y que confío en encontrar alguna solución. Ante todo, dígame qué pasos ha dado. ¿Sigue su mujer cerca de los niños?
―Tuvimos una escena terrible. es una mujer amantísima, señor Holmes. si alguna vez una mujer ha amado a su marido en cuerpo y alma, ésa es ella. le partió el corazón el que yo hubiera descubierto ese secreto, ese horrible e increíble secreto. Ni siquiera dijo nada. no dio a mis reproches otra respuesta que una expresión Como enloquecida y desesperada en sus ojos al mirarme, luego se fue corriendo a su habitación y se encerró en ella. Desde entonces se ha negado a verme. Tiene una doncella llamada Dolores que ya estaba a su servicio antes de que se casara... es una amiga más que una criada. le lleva la comida.


―Entonces, ¿el niño no está en peligro inmediato?
―La señora Mason, el aya, ha jurado que no le dejará Ni de día Ni de noche. puedo confiar Por entero en ella. más que Por él estoy inquieto Por el pobrecito Jack, porque tal Como le dije en mi nota, ha sido atacado Por ella dos veces.
―¿Pero sin sufrir heridas?
―No. Le golpeó salvajemente. Es una cosa todavía más terrible si se tiene en cuenta que es un pobre inválido inofensivo ­las duras facciones de Ferguson se dulcificaron al hablar de su chico―. Uno pensaría que la condición del muchacho ablandaría el corazón de cualquiera. Una caída en la niñez y la columna vertebral deformada, señor Holmes. Pero, por dentro, el más dulce y afectuoso de los corazones.

Holmes había tomado la carta del día anterior y la estaba releyendo.

―¿Qué otros ocupantes Tiene su casa, señor Ferguson?
―dos criados que no hace mucho que están a nuestro servicio. un mozo de cuadras, Michael, que duerme en la casa. mi mujer, yo mismo, mi chico Jack, el pequeño, Dolores y la señora Mason. Eso es todo.
―Conjeturo que no conocía usted bien a su esposa en la época de su matrimonio.
―Hacía sólo unas pocas semanas que la conocía.
―¿Cuánto tiempo ha estado con ella la doncella Dolores?
―Algunos años.
―entonces, ¿Dolores debe conocer Mejor que usted el carácter de su mujer?
―sí, podría decirse que sí.

Holmes anotó algo.

―Imagino ―dijo― que puedo ser más útil en Lamberley que aquí. es eminentemente un caso de investigación personal. si la dama permanece en su habitación, nuestra presencia no puede irritarla Ni incomodarla. Naturalmente, nos alojaremos en la posada.

Ferguson tuvo un gesto de alivio.

―esto es lo que yo esperaba, señor Holmes. hay un tren excelente que sale a las dos de la estación Victoria, si puede venir.
―Claro que iremos. Ahora tenemos un bache de trabajo. puedo concederle indivisamente mis energías. Naturalmente, Watson nos acompaña. Pero hay uno o dos puntos de los que quisiera estar seguro antes de partir. esa desdichada dama, tal Como lo entiendo, ha atacado, aparentemente, a ambos niños: a su propio hijo y al del primer matrimonio de usted.
―Así es.
―Pero estos ataques toman formas diferentes, ¿no es cierto? golpeó a su hijastro.
―una vez con un bastón, y otra muy salvajemente con las manos.
―¿no dio ninguna explicación de porqué le golpeaba?
―ninguna, salvo que le odiaba. una y otra vez dijo esto.
―Bueno, no se desconoce esto en las madrastras. Celos póstumos, Por decirlo de algún modo. ¿Es celosa la dama Por naturaleza?
―sí, es muy celosa... es celosa con toda la fuerza de su vehemente amor tropical.
―Pero el muchacho... Tiene quince años, creo haber entendido, y probablemente estará muy desarrollado mentalmente, puesto que su cuerpo está tan limitado en la acción. ¿no dio él ninguna explicación de esos ataques?
―No. Declaró que no había ninguna razón para ellos.
―¿Hicieron buenas migas en otro tiempos?
―No; nunca hubo amor entre ellos.
―y, sin embargo, dice usted que es un chico muy afectuoso.
―en todo el mundo no puede haber otro hijo tan ferviente. mi vida es su vida. está absorto en todo lo que digo y hago.

Holmes anotó nuevamente algo. Permaneció un rato perdido en sus pensamientos.

―sin duda, usted y su hijo eran grandes camaradas antes de este segundo matrimonio. Estaban muy cerca el uno del otro, ¿no es cierto?
―Sí, muy cierto.
―Y el chico, siendo tan afectuoso de naturaleza, estaría muy apegado, sin duda, a la memoria de su madre.
―Sí, mucho.
―Parece ser, Desde luego, un interesantísimo muchacho. otro punto acerca de esos ataques. ¿Los extraños ataques contra el niño pequeño, y las agresiones contra su hijo, se produjeron en los mismos períodos?
―En el primer caso, así fue. fue Como si se hubiera adueñado de ella una especie de frenesí, y hubiera descargado su furia contra ambos. en el segundo caso Jack fue la única víctima. la señora Mason no tenía quejas en torno al niño.
―Eso, ciertamente, complica las cosas.
―No acabo de seguirle, señor Holmes.
―Probablemente No. uno se forma teorías provisionales, y espera a que el tiempo o nuevos conocimientos las desbaraten. una mala costumbre, señor Ferguson, Pero el hombre es débil. Me temo que su viejo amigo, aquí presente, haya dado una visión exagerada de mis métodos científicos. sin embargo, en el punto en que estamos, Me limitaré a decir que su problema no Me Parece insoluble, y que puede contar con que estaremos en la estación Victoria a las dos.

Era ya entrada la tarde de un triste y brumoso día de noviembre cuando, tras dejar el equipaje en la posada Chequers, de Lamberley, viajamos en coche por un largo y serpenteante camino arcilloso de Sussex, y llegamos finalmente a la vieja casa de campo aislada en que vivía Ferguson. Era un edificio grande y complicado, muy antiguo en su parte central, muy nuevo en las alas, con altas chimeneas estilo Tudor y un techo picudo de lajas de Horsham cubiertas de liquen. Los peldaños de la entrada estaban redondeados por el desgaste, y los viejos azulejos que adornaban el pórtico tenían el emblema de un queso y un hombre, en honor al constructor original. 1 En el interior, los techos estaban estriados por macizas vigas de roble, y los suelos irregulares se combaban en pronunciadas curvas. Un olor a cosa vieja y enmohecida invadía todo aquel vetusto edificio.

Había una gran sala central, y a ella nos condujo Ferguson. Allí, en una gran chimenea anticuada cuyo manto de hierro llevaba inscrita la fecha 1670, brillaba y chisporroteaba un espléndido fuego de troncos.

Mirando a mi alrededor, vi que la habitación era una singularísima mezcla de fechas y sitios. Las paredes medio artesonadas podían muy bien haber pertenecido al caballero campesino del siglo diecisiete. Estaban ornamentadas, sin embargo, en la parte inferior por una línea de acuarelas modernas elegidas con gusto, mientras que en la parte superior, donde un yeso amarillento ocupaba el lugar del roble, colgaba una hermosa colección de utensilios y armas sudamericanos, que se había traído sin duda consigo la dama peruana que estaba en el piso de arriba. Holmes se puso en pie, con esa pronta curiosidad que surgía de su impaciente cerebro, y la examinó con bastante atención. Volvió con mirada pensativa.

―¡Vaya! ―exclamó― ¡Vaya!


1. El nombre de la mansión, «Cheeseman», está formado por «cheese», queso, y «man», hombre. Literalmente: «hombre de queso».
Un spaniel, que había permanecido en una cesta en un rincón, se echó a andar lentamente hacia su amo, avanzando con dificultad. Sus patas traseras se movían irregularmente, y la cola le arrastraba por el suelo. Lamió la mano de Ferguson.

―¿Qué ocurre, señor Holmes?
―el perro. ¿Qué le ocurre?
―Eso quisiera saber el veterinario. una especie de parálisis. Meningitis espinal, pensó él. Pero se le va pasando. Pronto estará bien... ¿no es verdad, Carlo? un temblor de asentimiento recorrió la cola fláccida. los ojos tristones del animal nos miraron a todos sucesivamente. Sabía que estábamos hablando de su caso.
―¿Le vino de repente?
―en una sola noche.
―¿Cuánto tiempo hace?
―puede que cuatro meses.
―muy notable. muy sugerente.
―¿Qué ve usted en ello, señor Holmes?
―una confirmación de lo que ya pensaba.
―Por el amor de Dios, ¿Qué piensa usted, señor Holmes? ¡Puede que para usted sea un simple ejercicio intelectual, Pero para mí es la vida o la muerte!¡Mi mujer una asesina frustrada!¡Mi hijo en constante peligro!No juegue conmigo, señor Holmes. esto es terriblemente serio, demasiado serio.

El grandullón tres cuartos de rugby temblaba de pies a cabeza. Holmes le puso la mano en el hombro, tranquilizadoramente.

―Me temo que la solución, señor Ferguson, sea cual sea, le reserva un dolor ―dijo―. Se lo atenuaré todo lo que pueda. Por el momento no puedo decir más, pero espero tener algo definitivo antes de salir de esta casa.
―¡Dios quiera que así sea!Si ustedes Me disculpan, caballeros, subiré a la habitación de mi mujer, y veré si se ha producido algún cambio.

Estuvo ausente algunos minutos, durante los cuales Holmes reanudó su examen de los objetos curiosos de la pared. Cuando nuestro anfitrión volvió, estaba claro, por su expresión abatida, que no había hecho ningún progreso. Le acompañaba una joven, alta, esbelta, de tez morena.

―El té está listo, Dolores ―dijo Ferguson―. Cuídese de que su ama tenga todo lo que desee.
―Está muy mala ―exclamó la muchacha, mirando a su amo con ojos indignados―. No pide comida.

Está muy mala. Necesita un médico. Me daba miedo estar sola con ella sin un médico.

Ferguson me miró con una interrogación en los ojos.

―Me encantaría ser de alguna utilidad.
―¿Recibirá su ama al doctor Watson?
―que venga. no se lo preguntaré. Necesita un médico.
―entonces, iré con usted de inmediato.

Seguí a la muchacha, que temblaba presa de un fuerte nerviosismo, por las escaleras y por un viejo pasillo. A su extremo había una maciza puerta lacada de hierro. Se me ocurrió, al verla, que si Ferguson trataba de llegar por la fuerza junto a su mujer la cosa no le resultaría fácil. La muchacha se sacó una llave del bolsillo, y las pesadas planchas de roble crujieron sobre sus viejos goznes. Entré, y ella me siguió rápidamente, cerrando la puerta detrás de si.

En la cama había una mujer, evidentemente con mucha fiebre. Estaba consciente sólo a medias, pero cuando entré unos ojos asustados, pero hermosos, me miraron con miedo. Al ver a un extraño, pareció sentir alivio, y con un suspiro dejó caer nuevamente la cabeza sobre la almohada. Avancé hacia ella pronunciando algunas palabras de confortación, y permaneció quieta mientras le tomaba el pulso y la temperatura. Uno y otra estaban altos, y, sin embargo, mi impresión fue que su condición era más de excitación mental y nerviosa que no de auténtica enfermedad.


―ha estado así un día, dos días. temo que se muera ―dijo la muchacha.

La mujer volvió hacia mí su hermoso rostro encendido.

―¿Dónde está mi marido?
―está abajo, y le gustaría verla.
―No le veré. No le veré ―y pareció entrar de nuevo en el delirio―. ¡Un diablo! ¡Un diablo! ¡Oh! ¿Qué puedo hacer con ese demonio?
―¿Puedo ayudarla en algo?
―No. Nadie puede ayudarme. se acabó. todo está destruido. Haga lo que Haga, todo está destruido.

La mujer debía sufrir alguna extraña ilusión. Yo era incapaz de imaginarme al honrado Bob Ferguson como diablo o demonio.

―Señora ―dije―, su marido la quiere a usted tiernamente. Está muy apenado por lo que ocurre.

De nuevo volvió hacia mí aquellos ojos magníficos.

―Me quiere. sí. Pero, ¿Es que yo no le quiero a él? ¿no le quiero hasta el punto de sacrificarme antes que romper su querido corazón? así es Como le quiero. y, sin embargo, él podría pensar de mí... pudo hablarme de aquel modo...
―está muy dolorido, Pero es incapaz de entender.
―no, no puede entender. Pero debería confiar.
―¿Por qué no habla con él? ―sugerí.
―No, no; no puedo olvidar aquellas palabras terribles, ni su expresión. No le veré. Ahora váyase. No puede hacer nada por mí. Dígale solamente una cosa. Quiero a mi hijo. Tengo derecho a mi hijo. Este es el único mensaje que puedo enviarle.

Se volvió de cara a la pared y no dijo más.

Volví a la sala de abajo donde Ferguson y Holmes seguían todavía sentados junto al fuego. Ferguson escuchó pensativamente mi narración de la entrevista.

―¿Cómo puedo mandarle a su hijo? ―dijo―. ¿Cómo voy a saber qué extraño impulso puede entrarle? ¿Cómo podré jamás olvidar cómo se levantó del lado de la cuna con sangre en los labios? ­se estremeció al recordar―. El niño está seguro con la señora Mason, y debe seguir con ella.

Una doncella de elegante uniforme, la única cosa moderna que podía verse en la casa, había traído un poco de té. Mientras lo estaba sirviendo, se abrió la puerta y un jovencito entró en la habitación. Era un muchacho que llamaba la atención: cara pálida, cabello rubio, expresivos ojos azul pálido que se encendían en súbita llama de emoción y alegría cuando su mirada se posaba en su padre. Se abalanzó hacia él y le rodeó el cuello con los brazos, con el abandono de una adolescente enamorada.

―Oh, papá ―gritó―, no sabía que ya estuvieras de vueltas. Habría estado aquí esperándote. ¡Oh! ¡Qué contento estoy de verte!

Ferguson se liberó suavemente del abrazo, con ciertas muestras de turbación.

―Querido muchacho ―dijo, dando unos tiernos golpecitos en la rubia cabeza―, he vuelto pronto porque he podido convencer a mis amigos, el señor Holmes y el doctor Watson, para que vinieran a pasar la velada con nosotros.
―¿Es el señor Holmes, el detective?
―sí.

El jovencito nos miró de un modo penetrante y, según me pareció, poco amistoso.


―¿Qué Me dice de su otro hijo, señor Ferguson? ―preguntó Holmes― ¿Podríamos ver al bebé?
―Pídele a la señora Mason que baje al niño ―dijo Ferguson. el muchacho se marchó con un andar extraño, bamboleante, que delató a mis ojos médicos que sufría de una afección espinal. Volvió al poco rato, y, detrás de él, venía una mujer alta y delgada que llevaba en sus brazos a un hermosísimo niño, de ojos negros y pelo rubio, una maravillosa mezcla de lo sajón y lo latino. Ferguson, evidentemente estaba loco Por aquel niño, ya que lo tomó en sus brazos y lo acarició tiernamente.
―y pensar que alguien pueda tener el corazón tan duro Como para hacerle daño ―murmuró, bajando la mirada hacia la pequeña mancha rojo vivo del cuello del querubín.

Fue en aquel momento cuando casualmente miré a Holmes, viéndole una expresión singularísimamente concentrada. Su cara estaba inmóvil, como tallada en marfil, y sus ojos, que por un momento habían mirado a padre e hijo, estaban ahora enfocados, con vehemente curiosidad, en algo que se encontraba al otro extremo de la habitación. Siguiendo su mirada, no pude suponer ntana contemplaba el melancólico jardín mojado. Cierto que había una persiana medio cerrada por la parte de fuera, obstruyendo la visión, pero, con todo, era indudablemente la ventana lo que Holmes miraba con concentrada atención. Luego sonrió, y su mirada volvió al bebé. En su cuello regordete estaba la pequeña señal hinchada. Sin decir nada, Holmes la examinó atentamente. Finalmente, tomó y agitó levemente uno de los pequeños puños que revoloteaban ante su cara.

―Adiós, hombrecito. Has tenido un extraño comienzo en la vida. aya, quisiera tener unas palabras con usted en privado.

Se la llevó aparte y le habló vehemente durante algunos minutos. Sólo pude oír las últimas palabras, que fueron: «Espero que su inquietud no tarde en quedar apaciguada.» La mujer, que parecía ser una criatura de la especie huraña y silenciosa, se retiró con el niño.

―¿Como es la señora Mason? ―preguntó Holmes.
―No muy convincente externamente, Como puede ver, Pero Tiene un corazón de oro, y quiere muchísimo al niño.
―¿Te gusta la señora Mason, Jack? ―Holmes se Volvió repentinamente hacia el muchacho, cuya expresiva cara se ensombreció. Negó con la cabeza.
―Jacky tiene agrados y desagrados muy acentuados ―dijo Ferguson, rodeando con el brazo los hombros del muchacho―. Afortunadamente, yo estoy entre sus agrados.

El chico apoyó arrulladoramente la cabeza en el pecho de su padre. Ferguson lo separó suavemente.

―Vete ya, Jacky, pequeño ―dijo; y contempló a su hijo con mirada amorosa hasta que hubo desaparecido―. Ahora, señor Holmes ―prosiguió, cuando el chico se hubo ido―, realmente me doy cuenta de que le he metido en un problema sin solución, porque ¿qué puede hacer aparte de concederme su simpatía? Debe ser un asunto extremadamente delicado y complejo desde su punto de vista.
―Es ciertamente delicado ―dijo mi amigo, con una sonrisa divertida―, pero ahora no se me representa complejo. Ha sido un caso propio para la deducción intelectual; pero cuando esta deducción intelectual original se ve confirmada punto por punto por número independientes, entonces lo subjetivo se hace objetivo, y podemos decir confiadamente que hemos llegado a la meta. De hecho, ya había llegado a ella antes de salir de Baker Street; el resto ha sido meramente observación y confirmación.

Ferguson se llevó su manaza a la arrugada frente.

―Por el amor del cielo, Holmes ―dijo, roncamente―, si es usted capaz de ver la verdad de este asunto, no me mantenga en la inquietud. ¿En qué posición me encuentro? ¿Qué debo hacer? No me importa cómo haya llegado usted a establecer los hechos, mientras realmente los conozca.
―Desde luego, le debo una explicación, y la tendrá. Pero, ¿me permite llevar las cosas a mi manera? ¿Puede recibirnos la dama, Watson?
―Está enferma, Pero goza de toda su razón.
―muy bien. sólo en su presencia podremos aclararlo todo. Subamos a verla.
―No Me recibirá ―exclamó Ferguson.
―Oh, sí, lo hará ―dijo Holmes. Garrapateó unas pocas líneas en un papel―. Usted, al menos, tiene la entrée, Watson. ¿Tendrá la bondad de entregarle esta nota a la dama?

Subí nuevamente, y entregué la nota a Dolores, que abrió la puerta cautamente. Al cabo de un minuto oí un grito en el interior, un grito en el que parecían mezclarse la alegría y la sorpresa, Dolores sacó la cabeza por la puerta.

―Les recibirá. Escuchará ―dijo.

Ferguson y Holmes subieron a mi llamada. Cuando entramos en la habitación, Ferguson dio uno o dos pasos hacia su mujer, que se había incorporado en la cama; pero ella hizo con la mano ademán de detenerle. Ferguson se dejó caer en un sillón, y Holmes y yo nos sentamos a su lado, después de una inclinación de cabeza a la dama, que miró a Holmes con los ojos dilatados por el asombro.

―Creo que podríamos prescindir de Dolores ―dijo Holmes―.
―Oh, muy bien, señora, si prefiere que se quede, no tengo nada que objetar. Mire, señor Ferguson, soy un hombre ocupado, con muchas visitas, y mis métodos tienen que ser breves y directos. La operación quirúrgica más rápida es la menos dolorosa. Permítame que antes que nada le diga algo que tranquilizará su espíritu. Su mujer es muy buena, muy amante, y ha sido tratada muy mal.

Ferguson se puso en pie con un grito de alegría.

―Demuéstreme esto, señor Holmes, y estaré en deuda con usted para siempre.
―lo haré, Pero al hacerlo le heriré profundamente en otra dirección.
―no Me importa, si libera de culpa a mi mujer. todo lo demás que hay en el mundo no es nada comparado con eso.
―Permítame contarle, entonces, el curso de los razonamientos que pasaron Por mi mente en Baker Street. la idea de un vampiro Me resultaba absurda. y, sin embargo, su observación era precisa. usted había visto a la dama levantarse de junto a la cuna del niño con sangre en los labios.
―cierto.
―¿no se le ocurrió que puede chuparse una herida con propósitos distintos al de extraer sangre? ¿Acaso no hubo una reina en la historia de Inglaterra que chupó una herida para sacar de ella el veneno?
―¡Veneno!
―Cosa corriente en Sudamérica. Mi instinto percibió la presencia de esas armas de la pared antes de haberlas visto. Hubiera podido tratarse de otro veneno, pero eso fue lo que se me ocurrió. Cuando vi el pequeño carcaj vacío junto al pequeño arco de cazar pájaros, eso era exactamente lo que esperaba ver. Si el niño resultaba pinchado con una de esas flechas impregnadas en curare o en cualquier otro alcaloide diabólico, moriría a menos que se chupara el veneno de la herida. ¡Y el perro! Si alguien fuera a usar un veneno como ése, ¿no lo probaría primero para comprobar que no había perdido sus virtudes? No había previsto al perro, pero al menos lo entendí, y encajó en mi reconstrucción. ¿Entiende ahora? Su mujer temía un ataque de esa clase. Vio que se producía, y salvó la vida del niño; y, sin embargo, no quiso contarle a usted la verdad, porque sabía cuánto queríaMusted al muchacho, y temió romperle el corazón.
―¡Jacky!
―le estuve observando hace unos momentos, Cuando usted acariciaba al pequeño. su cara se reflejaba claramente en la ventana, porque la persiana cerrada convertía al cristal en espejo. vi en esa cara tantos Celos, tanto odio cruel, Como raras veces he visto en un rostro humano.
―¡Mi Jacky!
―Tiene usted que afrontarlo, señor Ferguson. es todavía más penoso Por cuanto que ha sido un amor deformado, un amor demencialmente exagerado hacia usted, y probablemente hacia su difunta madre, el que le ha inducido a actuar. su alma entera está consumida Por el odio a ese espléndido niñito, cuya salud y belleza contrastan con su propia deficiencia.
―¡Santo Dios! ¡Es increíble!
―¿He dicho la verdad, señora?

La mujer sollozaba, con la cara hundida entre las almohadas. En aquel momento se volvió hacia su marido.

―¿Cómo podía decírtelo, Bob? Sabía qué golpe sería para ti. era Mejor que esperara, y que lo supieras Por otros labios que los míos. Cuando este caballero, que Parece poseer poderes mágicos, Me escribió que lo Sabía todo, Me sentí extremadamente feliz.
―Creo que mi receta para el señorito Jacky sería un año de viaje por mar ―dijo Holmes, poniéndose en pie―. Sólo me queda una cosa oscura, señora. Podemos entender perfectamente sus ataques contra Jacky. La paciencia de una madre tiene un límite. Pero, ¿cómo se atrevió a dejar solo al niño estos últimos dos días?
―Se lo había contado a la señora Mason. ella sabía.
―Exacto. Eso pensé.

Ferguson estaba junto a la cama, conteniendo los sollozos, con las manos tendidas, tembloroso.

―Creo, Watson, que es el momento de marchamos ―dijo Holmes, en un susurro―. Si coge usted de un brazo a la excesivamente fiel Dolores, yo la cogeré del otro. Eso. Ahora ―añadió, cerrando la puerta detrás suyo―, creo que podemos dejar que arreglen entre ellos lo que queda pendiente.

Sólo tengo una anotación más sobre este caso. Se trata de la carta que escribió Holmes como respuesta final a aquella con que empezaba este relato. Decía así:

Baker Street,
21 de noviembre.
Asunto: Vampiros.
Caballero,
En respuesta a su carta del 19, me permito comunicarle que he estudiado el caso de su cliente, el señor Robert Ferguson, de Ferguson & Muirhead, mayoristas de té, de Mincing Lane, y que el asunto ha sido llevado a una satisfactoria conclusión. Agradeciéndole su recomendación,

Queda, señor, sinceramente suyo,

SHERLOCK HOLMES.
 
FUENTE:  http://mdarena.blogspot.com/2011/04/sherlock-holmes-el-vampiro-de-sussex.html

jueves, 21 de febrero de 2013

I TRABAJO EXTRACLASE. I TRIMESTRE 8


LICEO VICENTE LACHNER. DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL.

PROFESOR ALEXANDER SOLANO H. I TRABAJO EXTRACLASE. I TRIMESTRE. NIVEL 8º. CURSO LECTIVO 2013.

OBJETIVO GENERAL: Reconocer las variedades léxicas y semánticas del Español de Costa Rica, con el propósito de respetar nuestra identidad lingüística.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

-          Realizar un informe de investigación sobre la variedad de la lengua geográfica costarricense de su comunidad.

-          Documentar veinte expresiones de la variedad lingüística, con sus significados en el español estándar.

-          Exponer los trabajos ante el grupo y entregar el informe.

-          Fecha de entrega: 8-1, 8-2, 8-3, 8-11: Lunes 4 de marzo. 8-10 y 8-12: Martes 5 de marzo.

-          Si no entrega el trabajo en la fecha indicada, tiene 3 días hábiles para justificar, en el cuaderno de comunicados y con la firma del padre de familia (De acuerdo con Respuestas a las Preguntas más frecuentes, MEP. 2010 y Art. 24 REA).

INTRUCCIONES:

1.    El trabajo tiene un valor del 5% y 70 puntos.

2.    Puede ser realizado en grupos de un máximo 4 personas, o bien, individualmente.

3.    El trabajo debe tener las siguientes partes:

 

PORTADA. 1punto.

 

INTRODUCCIÓN: ¿Qué son los costarriqueñismos? 1 punto.

 

DESARROLLO:

 

A.    Comunidad y población donde se realizó la investigación. 1 punto.

B.    Veinte costarriqueñismos documentados, con su significado en el español estándar. 40 puntos.

C.   Ilustraciones. 20 puntos.

CONCLUSIÓN. 1 punto.

FUENTES DE INFORMACIÓN: Los libros, diccionarios o páginas de internet que utilizaron para realizar el trabajo. 1 punto.

4.    Exposición de 5 ejemplos ante el grupo. 5 puntos.

 

 

Recursos: Antología de Español 8º, pág. 1-10 y 41-42